Maestra artesana

El pasado 4 de octubre de 2022 la Junta de Andalucía me ha otorgado el reconocimiento de maestra artesana. Al enterarme de la noticia fue inevitable pensar en todos los años que han pasado desde que comencé y de todas las cosas que me han ocurrido a lo largo de esta trayectoria. 

Mucha gente piensa que, desde la infancia, hay que poner a los jóvenes en un molde en el que seguirán órdenes y aceptarán los marcos existentes sin cuestionarse nada. Yo siempre he sido un animal salvaje así que a mis padres no les ha quedado otra que dejarme libertad para elegir mi propio camino, enseñándome a ser yo misma a pesar de lo que la sociedad dicta y a pesar de los tropiezos que haya podido tener.

 

Maestra artesana

Como requisito indispensable, las personas reconocidas como Maestras Artesanas deben contar con 15 años de desempeño de oficio artesano, además de unos méritos a valorar que puedes consultar aquí.

 

 

Siempre he sido una persona creativa pero en un principio mi idea era estudiar historia del arte. En algún momento cursando bachiller fui consciente de que existía también la posibilidad de dedicarme a la cerámica. Mi padre tenía un amigo que era profesor en la escuela de Artes y Oficios (El Corrales) y entre los dos me animaron a que la visitara. A partir de ahí comenzó todo. La primera vez que pisé ese sitio supe que había encontrado mi lugar en el mundo.

Creo que muchas de las personas que nos dedicamos al arte lo hacemos por una necesidad común. Como espectadora, a mi el arte me ha salvado, me ha dado consuelo en momentos vulnerables y esperanza en cuestiones que, por falta de una educación emocional, se reservan a la intimidad y no se tratan de forma cotidiana.

 

 

La cerámica me salvó la vida

En algún momento entendí que una de las funciones que te permite el arte es la de contar historias y un poco después, que las historias sirven para sanar y reconciliarse con una misma y con el mundo. Cuando mi necesidad de curarme se hizo más fuerte, me enganché a la cerámica. Esa necesidad sigue manifestándose en la misma medida que la de poder ayudar a otras personas con mi trabajo, al igual que otras me han ayudado a mi con el suyo.

Desde mi experiencia personal creo que el arte puede influir tanto en la persona que lo elabora como en los que lo contemplan o adquieren. El crédito que damos a la obra transmite lo que sentimos, lo que nos representa y puede llevarnos a comprender más allá de nuestra experiencia. Nos ayuda a tomar decisiones más allá de nuestros aprendizajes, a cambiar nuestro estado de ánimo, a sentirnos menos solas y solos, a afianzar creencias, divulgar valores… Creo que un artista tiene el poder de ser un canal dónde se refleja el mundo, pero también -y sobretodo- me gusta pensar que tenemos el poder de construir uno nuevo.

 

 

En mi taller

Por eso todas las mañanas desde hace más de 18 años trabajo en mi taller, la cerámica es lo que me permite habitar nuestro planeta. Me gusta el contacto con este elemento y el juego que existe dentro del proceso de creación. Para inspirarme suelo rodearme de objetos que me atraen por los significados implícitos que conllevan y creo diálogos entre ellos para generar nuevos significados. También leo mucho y soy bastante sensible a los estímulos visuales externos.

A veces utilizo materiales que son objetos de uso doméstico, pequeños pobladores de las casas, que me interesan por su estética o por la historia que llevan con ellos. Los objetos me dan una idea inicial, un concepto a partir del cual intento que surja una pieza.

Mis obras son de apariencia delicada pero tratan temas potentes y algunas veces bastante duros.

Me interesa esta supuesta inocencia que genera una pieza que es a simple vista muy estética, y que en una segunda lectura puede ir cargada de connotaciones. Trato temas relacionados con la protección de la naturaleza, con enfermedades mentales y con cosas que me preocupan de nuestra sociedad.

La ecología es quizás el punto de partida a la hora de crear y consumir. La artesanía está irremediablemente ligada a la sostenibilidad, pues el impacto ambiental que genera es, por regla general, anecdótico en comparación con el que se produce como consecuencia de los procesos industriales.

Cuando inicié mi proyecto tuve muy claro que quería ofrecer algo único a mis clientes partiendo de un material noble y sostenible como el barro cocido. Mi rasgo distintivo es, precisamente, la imperfección. Todas mis piezas presentan irregularidades que son consecuencia del trabajo manual. Un trabajo que llevo a cabo utilizando técnicas de toda la vida adaptándolas a los tiempos actuales.

Aunque no siempre mi trabajo aborda temas críticos. Hay piezas que hablan de procesos más íntimos, o del propio proceso de creación, o del comportamiento del material con el que trabajo o de mi propia experiencia vital.

Existe la interpretación tradicional que viene de la Ilustración y que sostiene que la mayor meta en la vida es investigar y crear, buscar las riquezas del pasado, tratar de interiorizar aquellas partes de ellas que son significativas para ti y proseguir la búsqueda para entender a tu propia manera. El propósito de mi obra desde este punto de vista es la de ayudar a las personas a encontrar formas de ver por ellas mismas, de reflexionar o simplemente trasladarlas a un lugar agradable.

Me interesa producir algo nuevo con la esperanza de que el espectador entienda lo que quiero mostrar. También son piezas fáciles de asimilar visualmente.

Poner en valor el trabajo artesano

 

 

La falta de reconocimiento de la artesanía y de lo que hacemos las personas que la producimos está aún muy presente hoy día en una sociedad como la nuestra en la que prima lo rápido y lo hecho en serie. Donde cada temporada hay artículos nuevos de usar y  tirar. Es importante que la persona que compra artesanía valore el tiempo que conlleva hacer las cosas. Y cuando hablo de los compradores también me refiero a esas grandes marcas o diseñadores que adquieren artesanía pero regatean los precios y la usan en sus firmas sin indicar el origen ni los autores, negando la voz a los que la producimos, atentando así contra el patrimonio cultural. Por eso los artesanos debemos definir bien cuáles son las prácticas adecuadas para trabajar en colaboración sin que se menosprecie nuestro trabajo y esfuerzo.

Agradezco a la Junta de Andalucía este reconocimiento pero sobre todo se lo agradezco a mi familia por permitirme ser libre y poder elegir. El camino andado hasta aquí no siempre ha sido fácil pero ha merecido la pena. Espero poder seguir haciendo cerámica muchos más años porque como decía un poema que leí el otro día … ….

 

Ellos querían para mi un trabajo de paga semanal, con prestaciones y jubilación.
Sin embargo yo escogí soñar despierto, soñar dormido, sanar insomne, sacar demonios.
Escogí hacer arte para que todos mis días sean como el verano.

Eduardo Tokeshi

 

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