Un mundo que no existe para que exista

Cuando comencé a planear esta exposición me apetecía poder transmitir mis inquietudes y mi forma de ver el mundo.

No quería hacer objetos cuya función fuera la de simples figuras inertes sin mayor significado que el de lo estético. Para ello necesitaba hablar de mí. Explicaros que me mueve y como soy por dentro.

Pero, ¿cómo escribir sobre eso? Porque para hablar de mi necesitaba abordar ciertos temas complicados que me acompañan desde niña. ¿Cómo escribir sobre la alta sensibilidad? ¿Y sobre el trastorno de ansiedad generalizada? Y más aún, ¿cómo materializar eso a través del barro?  Porque lo primero simplemente es un rasgo de personalidad pero lo segundo es una enfermedad mental.

Se que muchos de los que me conocéis no sabíais nada e igual os coge por sorpresa. Mi intención al hablar de ello no es otra que la de poder ayudar a personas que como yo se han sentido diferentes, solas, culpables, excluidas, con miedo al rechazo y muchas más palabras con un significado poco agradable.

Siempre me ha interesado dotar a mi obra de una función terapéutica en la que el arte actúe como un agente integrador de las personas excluidas socialmente haciéndolas visibles y siempre me he inspirado en la naturaleza. Así que también en esta ocasión he acudido a ella para dar forma a mi obra.

Hace tiempo leía en una entrevista realizada a un tal Stefenano Mancuso (neurólogo vegetal) sobre la sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal y afirmaba que las plantas han inventado soluciones para casi todos nuestros problemas.

Me parece fascinante que existan neurólogos vegetales. Leer sobre esto me inspiró a la hora de realizar ciertas esculturas como las mujeres flor. Al darles vida a través del barro quería transmitiros la importancia de respetar nuestro planeta porque lo que está en juego por si no os habéis dado cuenta es la supervivencia de la especie humana. Reducir la diversidad biológica implica la pérdida de los servicios ambientales que nos prestan los ecosistemas, cruciales para la polinización que llevan a cabo las abejas, la formación de suelo fértil o la purificación del aire o el agua. Procesos en los que actúan esos múltiples elementos que componen el complejo puzzle de la vida.

El espectador va a encontrar cuando contemple mi trabajo todos los temas que me habitan. Quiero acercaros a las enfermedades mentales para ayudar a otros que como yo han recorrido un largo camino hasta llegar a un diagnóstico adecuado. Para romper con palabras como tabú o estigma. Para normalizarlas y darles el lugar que le corresponden. Pretendo dar visibilidad a cosas que intentamos obviar en esta sociedad absurda en la que prima el dinero por encima del hombre, del animal, del mamífero.

Creo importante reflexionar sobre el momento que ocupamos en la historia. Preguntas que me he hecho desde muy niña:

¿Qué piensas del momento en el que vivimos?

¿Qué piensas de como nos comportamos los unos con los otros?

¿Qué piensas de como tratamos el planeta?

¿Qué piensas de la corrupción?

¿Qué piensas de la pobreza energética?

Piensas que estamos utilizando bien las nuevas tecnologías?

¿Crees que deberíamos pensar más a largo plazo? ¿Pensar más en los demás?

¿Piensas que podríamos hacerlo mejor como especie?

Como bien dice Martín Correa Urquiza, no podemos analizar las enfermedades mentales o las supuestas pandemias futuras sin hacernos preguntas sobre el tipo de mundo que estamos desarrollando, sobre le tipo de relaciones que establecemos, sobre la soledad y las velocidades, sobre el hiper-estímulo y la incomunicación, sobre la negación sistemática de la vulnerabilidad como parte de lo humano, sobre los estados permanentes de hiperproductividad a los que somos convocados, etc.

Cuando era niña soñaba con tener el poder de cambiar el mundo, de cambiar todo lo que no me gustaba o parecía injusto. Me imaginaba que alguien o algo me otorgaba ese poder y que con el simple hecho de chasquear los dedos las cosas feas de la vida se volvían bonitas y luminosas.  Como adulta soy consciente de que eso es imposible pero en la medida de mis posibilidades y en la medida de las posibilidades de cada uno de nosotros creo humildemente que sí podemos cambiar muchas cosas. Es una cuestión de responsabilidad y de pensar en plural como símbolo de evolución. El barro y lo que expreso a través de él no va a cambiar el mundo pero a mí me ha salvado la vida.

Con mi obra trato de construir una realidad distinta. Para mí crear hace soportable la visión de la vida y me permite construir mi propio mundo. El que me gustaría. El arte me deja vivir de forma paralela y es el único espacio en el que me siento totalmente libre.

En esta exposición, y en general en toda mi obra, construyo un mundo que no existe para que exista, y espero que al haceros conscientes de todo lo que os muestro, también vosotros comencéis a construir un mundo que no existe para que exista. O al menos os paréis a reflexionar sobre ello.

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