Esta colección de personajes imaginarios es algo que llevaba tiempo con ganas de hacer .
El reto era lograr materializar un mundo invisible que de lo contrario sólo estaría en mi cabeza. Quería que al hacerlos en barro estos seres conectaran al que los contempla con las tradiciones artesanales que llevan con nosotros miles de años. Mis personajes cerámicos no pretenden ser solo objetos de arte; también quieren ser portadores de historias, de sueños y de la esencia misma de la creatividad.
Reflejan dependiendo del momento en el que han sido hechos emociones complejas o representan ideas abstractas. Además, su presencia crea un puente entre lo real y lo fantástico, invitando a quien los observa a dejarse llevar por la magia de lo creado a mano. La cerámica, en su proceso de transformación de la arcilla en figura, se convierte en el medio perfecto para dar forma a lo que solo existe en mi mente, trayendo a la vida personajes que, de otro modo, nunca habrían existido.
Cada figura tiene una esencia propia que habla de mi visión personal del mundo. A algunos he querido darles una apariencia de personajes de cuento, con rasgos exagerados, mientras que con otros lo que he pretendido es evocar una sensación o una emoción. Los detalles en su superficie, como texturas, colores y acabados, les otorgan una identidad especial que me ayuda a que cobren vida o por lo menos a que parezca que la cobran.
Quería conseguir que las figuras, aunque estáticas transmitieran una serie de sensaciones. A través de las curva suave de un rostro o la tensión en los músculos de una figura he podido generar una conexión inmediata, despertando empatía, ternura, admiración o incluso tristeza en el espectador. Cada personaje cerámico tiene su propia personalidad que se transmite a través de los detalles: una sonrisa tímida, una postura orgullosa, unos ojos que parecen mirar más allá de lo visible. Quería que cada uno de ellos no solo se limitara a ser una representación visual, sino que se convirtiera en un vehículo para la evocación de sentimientos, sensaciones y recuerdos. La arcilla, con su naturaleza táctil y su conexión ancestral con el ser humano, ofrece una textura que invita a ser tocada, a explorar las formas, los contornos y los detalles que dan vida a estos personajes.
En mi proceso de creación , la cerámica se convierte en una especie de lenguaje visual que comunica más allá de lo tangible. Los personajes no solo transmiten emociones por su apariencia, sino también por el propio acto de su creación. Saber que los he modelado con dedicación, paciencia y maestría, les otorga una carga emocional que va más allá de lo visual. Cada grieta, cada marca en la arcilla, cuenta una historia de esfuerzo y de conexión entre yo y mi obra, lo que permite al espectador no solo ver, sino sentir lo que el personaje representa.