Todavía recuerdo como si fuera hoy, la primera vez que entré en el aula de cerámica. Me senté en una de esas mesas largas y por primera vez en mi vida supe que estaba en casa, que estaba en el lugar correcto. Recuerdo perfectamente el olor de la clase y al que sería uno de los mejores profesores que he tenido, a mi profe de cerámica Antonino Parrilla.
Mi adolescencia hubiera sido en blanco y negro sin ti. Creo que fue una de las pocas personas que supo ver en mi a una artista escondida en esa niña vergonzosa y perdida. Supo darme la confianza y la certeza en medio del caos de la adolescencia: al menos algo se me daba bien y eso me hacía sentirme especial.
A partir de ese momento comenzó un curso que, aunque todavía no lo sabía, supondría un antes y un después en mi vida. Un curso que, por primera vez, se basó en el respeto hacia los alumnos, hacia los compañeros y, por supuesto, hacia el maestro. Un curso en el que aprendi lo que era el amor por un oficio y muchos otros valores que sólo se pueden aprender a través de la amistad y la admiración mutua. Un curso que serviría para dar sentido a todo lo que hasta ahora no era capaz de comprender.
Intentando resumir un poco a la persona que para mi fue Antonino, me viene a la cabeza una frase de Machado que decía … Se nos fue por una senda clara, diciéndonos: Hacedme un duelo de labores y esperanzas.
En estos años tuve el placer de visitar a mi maestro y amigo en muchas ocasiones. Estar un rato con él te aportaba generosidad, un mirar el mundo con ojos curiosos (como los de un niño) y una forma de entender la vida que ya la querrían muchos. La última vez que nos vimos me decía que él se levantaba cada día para pasarlo mejor que el anterior.
Siento profundamente tu pérdida y te echaré muchísimo de menos. La vida sin ti va a ser peor o por lo menos lo va a ser para mi pero confío en que allá donde estés ilumines el lugar y lo llenes de esas burbujitas que siempre acompañaban tus dibujos. Tu legado va más allá de los lienzos o las esculturas, tu legado es el de una persona que supo trasmitirme que es importante amar lo que hacemos, que el respeto y la educación son dos valores esenciales, que hay que fomentar la curiosidad y el amor por el conocimiento, y, en definitiva, que hay que ser humilde y ayudar en todo lo que puedas a los demás. Y por supuesto supo enseñarme a aceptar y a amar la vida con todo lo bueno y lo malo.
Gracias por ser uno de los mejores profesores que alguien pueda tener pero sobre todo gracias por ser mi amigo y compartir ese maravilloso mundo que te habitaba.
Me ha costado mucho escribir este texto porque cada vez me ponía a ello no podía parar de llorar. Y es que voy a echarte mucho de menos.