Teresa siempre había estado en lucha con su sensibilidad. Pensaba que eso la hacía frágil. Sentía cómo a lo largo de su vida la sensibilidad se había convertido en una carga que le pesaba mucho. Un recordatorio constante de que era demasiado vulnerable. En los momentos de duda, se preguntaba por qué no podía simplemente ser firme, inquebrantable, como una roca frente a la tormenta. Su sensibilidad la hacía sentirse diferente y expuesta, como si todos pudieran verla por dentro.
El mundo que Teresa habitaba era un lugar donde el cielo siempre parecía besar la tierra y el viento susurraba secretos olvidados.
Una tarde, sentada bajo un árbol, comenzó a llorar y cual no fue su sorpresa al darse cuenta de que de sus ojos caían lágrimas doradas. Cuando esas lágrimas entraban en contacto con el suelo y llegaban a tierra se transformaban en pequeñas semillas brillantes de las que brotaban frases que le decían: – En tu lucha por ser fuerte, no has visto lo que la sensibilidad te ha enseñado a lo largo de todos estos años: en la sensibilidad, también hay poder. En los momentos de caída es cuando realmente puedes levantarte con más sabiduría, y la fuerza no es la ausencia de vulnerabilidad, sino la capacidad de afrontarla con valentía.
La verdadera fortaleza no se construye al huir de lo débil, sino al aceptarlo y transformarlo.
Esas semillas querían trasmitirle que con el tiempo aprendería que la sensibilidad no es enemiga, sino aliada. Que en la tensión entre lo frágil y lo fuerte, descubriría una fuerza mucho más profunda de la que imaginaba.
La fortaleza no reside en la perfección, sino en la capacidad de crecer aún con las grietas que uno lleva consigo.
De tus ojos ha brotado un río que fluye lento, en un esfuerzo, por mostrarte que, a veces, las lágrimas son la única manera de poder transitar hacia ese lugar en el que por fin hagas las paces contigo.
SENSIBILIDAD: Del latín sensibilem, `Sensible´, facultad de un ser vivo de percibir estímulos externos e internos a través de los sentidos. En filosofía, es la función del sistema nervioso que permite detectar a través de los órganos sensoriales las variaciones físicas o químicas que provienen del interior del individuo o de su medio externo.