Figuritas que cobran vida

En un pequeño pueblo donde las montañas se tocaban con las nubes, existía una tienda que vendía figuritas de cerámica. Estas figuritas no eran simples adornos. Cada una tenía una historia, un personalidad, y lo más mágico de todo, cada noche, cobraban vida.

Al caer la tarde, cuando las luces de la tienda se apagaban, las figuritas se despertaban. Todas las que estaban en las estanterías comenzaban a hablar y moverse. La tienda era su reino y, aunque eran pequeñas, en su mundo, eran grandes.

La figura más antigua de todas era sabia, pues había visto muchas generaciones pasar. Se llamaba Aúrea y había sido la primera en cobrar vida, desde entonces, se encargaba de cuidar a todas las demás.

Cada noche, las figuras de cerámica organizaban diferentes eventos. A veces, hacían carreras por todo el escaparate. Otras noches, se organizaban banquetes donde se servían diminutos platos de cerámica, adornados con los más hermosos y detallados patrones.

Un día, una nueva figurita llegó a la tienda. Era una delicada niña tacita. Se llamaba Lola y era tan elegante que los demás la miraban con admiración. Sin embargo, Lola estaba triste. No entendía por qué no podía moverse como las demás figuras. A pesar de ser la más hermosa de todas, sentía que algo le faltaba.

Aúrea, al darse cuenta de la tristeza de Lola, se acercó y le habló con suavidad:

–  Querida Lola, ser bonita es solo una parte de lo que nos hace especiales. La verdadera magia de nosotros no está en nuestra apariencia, sino en lo que somos capaces de vivir y compartir. La danza, las historias, las risas … todo eso es lo que hace que un alma de cerámica cobre vida.

Lola no entendió del todo al principio, pero decidió intentar algo diferente. En la siguiente noche, mientras las figuras bailaban al ritmo de una suave melodía, Lola dio sus primeros pasos. No fue fácil, pues sus pies de cerámica eran frágiles, pero al sentir el ritmo en su corazón, comenzó a moverse con gracia.

Al principio solo hizo un pequeño giro, pero cuando vio que sus amigos figuritas la miraban con sonrisas de admiración, siguió adelante. Luna comenzó a bailar con todos los demás, y pronto se dio cuenta de que la belleza no solo radicaba en su aspecto, sino en su capacidad de conectar con los demás.

Desde esa noche, Lola dejó de ser solo una figurita bonita. Se convirtió en la mejor bailarina del reino cerámico, pero sobre todo, en una amiga leal y sabía que enseñó a todos que la verdadera magia de las figuritas de cerámica no se encuentra solo en su forma, sino en la vida y las historias que pueden crear cada noche.

Lola aprendió que al final, lo más importante no era su fragilidad ni su apariencia, sino lo que lograba cuando cobraba vida.

En el corazón del pueblo, la tienda de figuritas seguía siendo un  lugar mágico donde las historias cobraban vida una y otra vez.

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